jueves, 24 de mayo de 2018

La parábola del trigo y la cizaña

"Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. 


Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? 

El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero"(Mt.13:24-30) 

Nuestro Señor Jesucristo El "campo" viene hacer en esta parábola el mundo; la "buena semilla" son los hijos del reino, la "cizaña" son los hijos del malo y el "enemigo" es Satanás.    

El objetivo de esta parábola es poner ante nuestra vista tanto el estado presente como el futuro del reino de los cielos. Asimismo, el cuidado del Hijo de Dios es que su Palabra sea sembrada en el mundo, y prevenir al pueblo de Dios de las hostilidades del diablo que van contra la Palabra de Dios. 

Detalles de la parábola: 
A. El que siembra buena semilla es el Hijo de Hombre (v.37). El Señor de la cosecha es el Gran Sembrador de la Palabra de Dios. Toda buena semilla que hay en la tierra, viene de la mano de Cristo; las verdades que se predican, las gracias que se plantan, las almas que son santificadas, deben su origen y condición a esta semilla de Cristo. Los ministros de Dios son los instrumentos, en la mano de Cristo, para la siembra de la buena semilla. 

B. El campo es el mundo (v.38). El mundo es el campo, y Cristo quiere que se siembre la semilla de la verdad (Mr.16:15), por que Dios desea que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tim.2:4). Es de lamentar que, el mundo sea un campo tan grande, sea relativamente muy pocos los que producen buen fruto. 

C. La buena semilla son los hijos del reino; no sólo en profesión como lo eran los judíos por ser el pueblo escogido, y considerarse salvos por ellos (8:12), sino en sinceridad y verdad; puede haber espigas que produzcan poco fruto; puede haber granos echados a perder en la misma espiga; pero toda y sola la buena semilla representa a los verdaderos creyentes; estos tienen acceso a los privilegios del reino mesiánico, porque producen los fruto de él (21:43).

D. La cizaña son los hijos del maligno (Jn.8:44; 1Jn.3:8,10; 1Jn.5:19). Estos son los mundanos, que están bajo el dominio de Satanás, y se parecen tanto al diablo en sus tres pecados (orgullo sin límites, envidia homicida y mentira engañosa, Gn.3:15). Los mundanos e inclusive los cristianos carnales son cizañas en todas partes, y llegan a introducirse en las iglesias (Hch.8:13,18,21; 1Tim.4:1; 6:5; 2Tim.4:3; 2P.2:1), y hasta logran escalar posiciones de autoridad en nuestras iglesias; pero un día se manifestará que no todos los que están con nosotros son de los nuestros (1Jn.2:19).

E. El enemigo que la sembró es el diablo (v.39); él es el gran enemigo de la humanidad, desde el principio (Gn.3:1), por lo cual, hace todo el mal que puede, no sólo en el mundo que le está sujeto, sino también entre los hijos de Dios aprovechando todo abertura que le ofrezcan las congregaciones (1P.5:8), de toda debilidad, rencilla, discordia, etc., entre los creyentes, y hasta de todo lo que tiene apariencia de celo y de austeridad; y cuando no puede inducirnos a obrar el mal, trata de impedir por todos los medios el que obremos el bien, lo cual es también pecado (Stg.4:17).

F. La sembró mientras dormían los hombres (v.25); es decir, por la noche, cuando los hombres se entregan al descanso. Satanás, como todos los malhechores, se aprovecha de las oportunidades cuando no se vigila. Por eso, hay que ser sobrios y velar, como dice Pedro (1P.5:8). Después de sembrar la cizaña, el enemigo se fue, para que no se supiese quién lo había hecho. Cuanto mayor daño está haciendo el diablo, más trata de pasar inadvertido. Lo terrible es que, para que prospere el mal, basta con sembrar la cizaña e irse, pues el mal se propaga por sí solo; mientras que la buena semilla necesita un cuidado constante para que no se eche a perder. 

G. Cuando brotó la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña (v.26). Es tan perverso y engañoso el corazón humano, que la maldad logra esconderse durante largo tiempo en personas que parecen buenas y honestas; pero cuando llega el tiempo de la prueba, y no puede mantenerse la máscara de la hipocresía, las maneras "corteses" dan paso a la pasión violenta y, por el fruto, se manifiesta el carácter de la persona. 

Al parecer la cizaña dijeron los criados al amo del campo: Señor, ¿No sembraste buena semilla en tu campo? (v.27). No hay duda de que el Señor siembra siempre buena semilla (1Jn.3:9). Cuando vemos el mal que hay en el mundo, nos vemos tentados a preguntar: ¿De donde viene esto? ¿Cómo consiente Dios tanto mal? (Job.9:22-24). Cristo responde: Un enemigo ha hecho esto (v.28); el enemigo que la sembró es el diablo (v.39). Les echa la culpa a sus siervos. En este mundo, por muy fieles que sean muchos de los ministros de Dios, el mal se extiende y llega a límites inconcebibles, porque ya está en acción el ministerio de la iniquidad (2Ts.2.7). Todo anticristo que surge en el mundo (1Jn.2:18), debe su poder y su autoridad al dragón (Ap.13:3). El diablo y sus huestes son los conductores, tras las bambalinas del teatro del mundo, de los más terribles males que aquejan a la humanidad (Ef.6:11-12). Es inevitable que haya escándalos (18:7), aunque los siervos de Dios no tengan la culpa de ello; mucho peor, si ellos son los culpables. 

H. Los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? (v.28). Esta es la reacción espontánea de un siervo celoso por ver prosperar el negocio de su amo. ¡Cuantos son los que, a la vista de la maldad reinante, reaccionan de esta manera y emplea una violencia dictatorial con la que, el querer arrancar de cuajo el mal, arrancan también gran cantidad de trigo! Pero Dios no piensa como los hombres (Is.55:8), sino que es rico en benignidad, paciencia y longanimidad (Ro.8:2:4), no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento (1Tim.2:4; 2P.3:9). Por eso dice: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntas las dos cosas hasta la siega (vv.29-30).

Fuente: Biblia Reina Valera, año 1960 y el Comentario Bíblico de Matthew Henry.  
            
   


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